Por Iván García-Nisa @ivangarcianisa, vocal de Educación, Divulgación y Comunicación de la @APEspain / educación@apespain.org

 

El pasado 16 de enero de 2016 se registró la primera de una serie de muertes de monos aulladores de la especie Alouatta coibensis trabeata en la Península de Azuero, Panamá. Los primeros en conocer la noticia fueron Kenia Sánchez y Calixto Barrera, del equipo de la Fundación Pro-Conservación de los Primates Panameños (FCPP), quienes filmaron un mono aullador que encontraron moribundo en la zona. Hablamos con Pedro Méndez-Carvajal, director y fundador de la FCPP, para saber lo sucedido en relación a estos casos y a la investigación que se está llevando a cabo.


Pedro Méndez-Carvajal y la Fundación Pro-Conservación de Primates Panameños

 Pedro es licenciado en Biología Animal por la Universidad de Panamá, y cursó el Máster en Ciencias en Conservación de Primates, en la Universidad de Oxford Brookes. Actualmente cursa el doctorado en la Universidad de Durham, también en el Reino Unido. Su currículum consta de una extensa descripción de su experiencia en proyectos de conservación con todo tipo de fauna. Según nos explicó Pedro, la FCPP se fundó con el objetivo de monitorear a las dos especies endémicas de Azuero y que se encuentran en peligro de extinción: el mono aullador de Azuero (Alouatta coibensis trabeata) y el mono araña de Azuero (Ateles geoffroyi azuerensis). Sin embargo, aunque la idea inicial era atender a estas especies más amenazadas, la inestimable ayuda de su equipo de voluntarios ha permitido que, hoy en día, el proyecto abarque todas las especies de primates de Panamá. Gracias a ello, la FCPP ha podido saber que las primeras muertes sucedieron a mediados de enero y cesaron, en Panamá, a finales del mismo mes.


Las muertes de los monos de Azuero

 

Las muertes se registraron en dos áreas distintas de la zona norte del distrito de Azuero en Panamá: La Valencia y Cabuya del Distrito de Parita. El primer caso fue informado al Ministerio de Ambiente que rápidamente se trasladó a la zona, en Cabuya de Parita. Pedro nos explicó que se observaron varios monos aulladores desplazándose a nivel de suelo (un comportamiento que no es propio de estos primates típicamente arborícolas), caminando de una manera extraña. Cuando llegaron a la zona encontraron dos cuerpos, y después el cadáver de un juvenil de la misma especie. Por otro lado, en La Valencia —una zona muy cercana donde el Ministerio de Ambiente encontró los primeros cuerpos— el equipo de la FCPP vio a un infante ya fallecido y que todavía presentaba el pelaje blanco típico de su edad, y a un juvenil que estaba tosiendo y que caminaba errático por el suelo.A partir de estas observaciones, la FCPP ha descrito los signos de esta misteriosa «enfermedad».

Nos comentaron que estos animales afectados se desplazaban con dificultad, como si estuvieran mareados, y que mostraban signos de debilidad, como la imposibilidad de trepar al huir de la persona que los está observando, ya que son incapaces de sujetarse a las ramas de los árboles con su cola prensil. Los monos tosían y emitían un quejido de dolor hasta que se tumbaban o caían. Lamentablemente, la FCPP no pudo trasladar al juvenil moribundo para tratarlo. Pedro nos contó que —debido al desconocimiento de lo que estaba sucediendo— en aquel momento no disponían del equipo y material necesario para su traslado. Además no quisieron arriesgarse a que la gente de la zona o ellos mismos entraran en contacto con él, por riesgo a un posible contagio. Cuando por fin Pedro consiguió el dinero para contratar a un veterinario y para comprar material y una jaula más grande para trasladar al animal, al regresar a la zona —que se encuentra a cinco horas en coche de la ciudad— no lograron localizarle. Según Calixto Barrera, morador del área y voluntario de la FCPP, este juvenil, al encontrarse tan débil, pudo haber sido depredado ya que en la zona merodean coyotes y perros de caza.

Las muertes en Panamá suman un total de cinco ejemplares y desde finales de enero no se ha observado ningún caso más. Aun así, en el país siguen en alerta. Por otra parte, en Nicaragua y Ecuador también se han registrado casos de muertes de monos aulladores, y es mucho más preocupante, ya que las muertes continúan y se cuentan en casi un centenar de individuos. Curiosamente, los casos en Nicaragua y Ecuador comenzaron al mismo tiempo que en Panamá. En Colombia y Perú también salto la alerta por un par de casos aislados, pero se descarto que las muertes estuvieran relacionadas con las de los otros países afectados.

En todos los casos las muertes se produjeron en monos aulladores del género Alouatta spp. Sin embargo, Pedro destacó que tanto en Nicaragua como en Ecuador, las subespecies afectadas pertenecen a la misma especie, el mono aullador de manto: Alouatta palliata palliata y Alouatta palliata aequatorialis. A pesar de que la distribución geográfica de ambas subespecies coincide en Panamá, ninguna de estas se vio afectada en su país. En los bosques de las provincias de Chiriqui y Boca del Toro —que son zonas de bosque continuo donde se encuentran poblaciones de ambas subespecies del mono aullador de manto en Panamá— no se registró ninguna muerte. En consecuencia, el caso de Panamá parece ser un caso excepcional si lo comparamos con Nicaragua y Ecuador. Pero ¿cómo es posible que ocurrieran al mismo tiempo? ¿Se trata de una mera coincidencia? Analizamos con Pedro varias hipótesis que los primatólogos de los tres países afectados han propuesto como posibles causas y que compartimos seguidamente.

 

Posibles causas y factores:

  1. Virus

 En Panamá existe un largo historial de fiebre amarilla. A finales de los años 50 del siglo pasado, la población de monos aulladores de Barro Colorado, en el centro del Canal de Panamá, se vio prácticamente diezmada por un brote de fiebre amarilla. Esta reducción de las poblaciones de monos en la zona favoreció una rápida profilaxis en la población local, lo que evitó la muerte masiva de personas, gracias a los esfuerzos de los doctores Fred Soper, Juan Herrera y Mario Rognoni. A raíz de esto, el Dr. Jaime Paz del Hospital Gorgas junto con el Hospital de Santo Tomas, iniciaron un proyecto de vigilancia de los primates de Panamá para prevenir que la población humana de la zona no se viera afectada si se daba un nuevo brote del virus. Sin embargo, cuando se consiguió erradicar la fiebre amarilla, se dejó de monitorear a los primates. No fue hasta el año 2001, que Pedro con su equipo del FCPP retomó los monitoreos, aunque con objetivos más relacionados con el estudio científico y la conservación de los primates del país.


La muerte de un mono nocturno:

A principios de febrero de 2016, en Coclé del Norte se registro una muerte de un mono búho adulto (Aotus onalis). El ejemplar estaba entero y no presentaba signos de haber sido herido o atacado por un depredador. Al tratarse de un caso aislado, no se pudo determinar si la causa de la muerte fue natural o no. Sin embargo, estos primates suelen dormir en los huecos de los árboles, por lo que suelen morir dentro de estos agujeros. Inusualmente, este individuo se encontraba estirado en el suelo.


Noel Rowe, director del Primate Conservation Inc, que tiene finca en Panamá en Sierra Llorona, escribió preocupado preguntando si en Panamá habían confirmado casos de muertes similares a las de Ecuador. Por otro lado, Stella de la Torre comunicó que lo primero que hizo al conocer las muertes masivas que habían ocurrido en Ecuador, fue sugerir al Ministerio de Salud de Ecuador que vacunar a la población local contra la fiebre amarilla. Uno de los informes que recibió la FCPP incluía imágenes del tracto digestivo de las autopsias de los monos, que mostraban signos de hemorragia intestinal y fibrosis, síntomas característicos en casos de fiebre amarilla en monos de la misma especie —como se describe en un antiguo Boletín de la Oficina Sanitaria Panamericana, sobre los casos de los años 48-55—. En este informe, además, se destaca que uno de los principales órganos afectados es el hígado, el cual se encuentra desgarrado en los cadáveres de mono aullador. Sin embargo, este desgarro se produce porque el animal se retuerce de dolor o porque se cae del árbol cuando la debilidad en la cola no puede sostener su peso, y no por un efecto del virus. Estos tres síntomas se han observado también en las autopsias actuales de los casos de Ecuador.

A pesar de que las evidencias parecen indicar un origen vírico, probablemente de fiebre amarilla, hasta ahora no se ha podido confirmar la causa exacta. De momento, los análisis de muestras realizados en Ecuador han descartado que pueda tratarse de zika, dengue o chikungunya, que se transmiten por la picadura del mosquito Aedes aegypti. También se han descartado infecciones por parásitos. Aun así, no se descarta que las muertes sean producidas por el virus del zika. Pedro se lamentaba que no se pudieran recoger muestras de los cadáveres encontrados, ya que estaban putrefactos y desconocían que —a pesar del grado de descomposición de los cuerpos— podrían haber recuperado el hígado para analizarlo. Un error que nos comento que no volverán a cometer, por lo que informaron al Ministerio de Ambiente a través de informes de autopsias y veterinarios en relación a cómo proceder si se produce un nuevo caso.

Actualmente, todos los países están en alerta por un incremento de los casos de zika. Los brotes de zika coinciden con los brotes de fiebre amarilla que se dieron en Panamá a finales de los años 1950. Estas zonas son áreas urbanas y cercanas a una fuente o corriente de agua. Pedro nos explicaba que en las investigaciones que se llevaron a cabo en el año 48 por los médicos del Hospital Gorgas y el Hospital Santo Tomas, se concluyó que los sueros extraídos del hígado de los cadáveres de monos aulladores e inoculados en ratas, tan solo afectaban a los individuos juveniles, mientras que las ratas adultas no mostraban ningún síntoma. Tal vez el virus podría expresarse de una manera distinta según el individuo, por lo que el equipo de la FCPP se prepara para actuar con rapidez para obtener muestras si se reporta un nuevo caso en Panamá.

2. Cambio climático y desforestación

 Otro de los factores que puede estar afectando a las poblaciones de primates de todo Centro y Sudamérica —y que podría estar perjudicando de manera excepcional a estos tres países con alta mortalidad de primates— es el cambio climático. Esto podría explicar que las muertes de Nicaragua, Ecuador y Panamá ocurrieran al mismo tiempo, aunque faltaría entender por qué las muertes de Panamá no han sido masivas como las de los otros dos países.

La Península de Azuero presenta actualmente un nivel de desforestación del 85% y el Ministerio de Ambiente se está enfrentando a una situación de tala ilegal que no pueden controlar. Existe una región llamada Arco Seco en la que la vertiente caribeña bloquea las brisas que vienen del norte, lo que hace que la zona se mantenga muy seca, la temperatura aumente más de lo habitual por falta de bosque, y muchos animales mueran por deshidratación. Estas condiciones climáticas de la zona, sumadas a la creciente deforestación, están provocando que la cobertura vegetal sea cada vez más escasa, lo que está transformando el paisaje en un mosaico de cultivos y pastizales. Así, los primates panameños sobreviven en los pequeños parches de bosque que quedan en los cada vez mas inusuales parques nacionales, las reservas forestales y en las cercas vivas y bosques de galería. En relación a esto, la FCPP está realizando varias campañas de concienciación para proteger a los primates y mantener los bosques conectados. Los extranjeros que compran las fincas, o panameños con mejor situación económica, lo primero que hacen es cortar la cerca viva y colocan alambres con púas en estacas muertas, lo que provoca la desconexión de los pocos parches de bosque que quedan.

Por otro lado, la tala ilegal para la obtención de madera está potenciando los efectos del cambio climático. A pesar de que el Ministerio de Ambiente vigila las zonas forestales para controlar este problema, parece ser que estos grupos de ≪leñadores≫ que cortan el bosque, están muy bien equipados y tienen centinelas que les avisan de que áreas están siendo vigiladas. Pedro nos explicó que la zona de Azuero está prácticamente limpia de vegetación, pero aun así la tala continúa y parece ser que los infractores también incursionan en los parques nacionales, ya que se han encontrado vestigios de aserraderos improvisados dentro del bosque. Al tratarse de zonas tan remotas, el Ministerio no ha invertido dinero ni recursos suficientes para que haya más movilización y vigilancia en la zona. La falta de acondicionamiento para el paso de personas podría dificultar el acceso a estas áreas, pero estos grupos saben muy bien cómo y por donde adentrarse, sorteando las barreras naturales. El uso de motocicletas para desplazarse cuando se da un aviso podría facilitar la captura de estos grupos que están destruyendo ilícitamente el bosque. Pedro, además, sugirió que los guardabosques hagan rondas acompañados por policías, ya que a los forestales panameños les está prohibido llevar armas, por lo que se ven indefensos cuando se encuentran ante una situación de tala ilegal.

La mayoría de la madera de los bosques es extraída por los comerciantes, por lo que no se trata de una actividad de subsistencia, y el producto se utiliza para venderlo a empresas madereras tanto a nivel nacional, en Panamá, como internacional. Incluso las poblaciones indígenas han sido víctimas de las amenazas de estos grupos, ya que están totalmente desprotegidos por el gobierno y no tienen más remedio que aceptar este tipo de actividad dentro de sus tierras. Esta situación de descontrol está provocando una reducción acelerada de la cubierta verde del país que ya de por si, por su situación geográfica, padece los efectos del Nino y de un clima generalmente cálido y seco que viene acompañado de una patente escasez de agua. De hecho, el clima es tan seco que los pastizales se incendian solos, provocando fuegos forestales difíciles de controlar que arrasan con grandes áreas de bosque remanente.

El cambio climático está afectando tanto a la zona, que este año los carnavales de Panamá, en los cuales el agua juega un papel muy importante, estuvieron a punto de suspenderse, ya que el agua se suele extraer de los ríos, los cuales estaban prácticamente secos. Incluso el ganado muere por deshidratación y la muerte les ha llegado incluso a los monos.

 

3. Herbicidas

Una de las mayores preocupaciones de Pedro y que comentaba que podría explicar estas muertes, es el uso indiscriminado de herbicidas. Durante uno de sus primeros monitoreos, en el 2001, Pastor Moreno, uno de los veterinarios del Ministerio de Desarrollo Agropecuario de Panamá, se encontró a una decena de monos muertos, colgados de la cola y con la cabeza hinchada. Aunque al principio pensaron que había sido provocado por un virus, llegaron a la conclusión de que los herbicidas también podrían ser los causantes.

Aunque no es muy frecuente, de forma eventual los agricultores mandan sus aviones privados para rociar con potentes químicos sus cultivos, a pesar de que está legalmente prohibido. Normalmente emplean una variante de Roundup en altas concentraciones, un tipo de herbicida que está descatalogado en Estados Unidos por sus efectos nocivos en las personas, pero que las empresas siguen vendiendo y distribuyendo a los países del sur.

Estos herbicidas son perjudiciales para la salud humana y para la fauna salvaje que vive cerca de estas zonas agrícolas, que hoy en día, forman parte de más del 80% del paisaje.


Aulladores y fiebre amarilla en Bolivia:

La FCPP también fue informada por Erika Robles de La Paz, Bolivia, que en 2012 y en 2015 se dieron dos grandes brotes de fiebre amarilla que provocaron la muerte de unos 80 individuos en total de dos especies de mono aullador: Alouatta sara y Alouatta caraya. ¿Podria estar ocurriendo algo parecido con los monos aulladores de Azuero, Nicaragua y Ecuador? ¿Podría tratarse de un nuevo brote de fiebre amarilla o hay otros factores detrás de esta nueva epidemia?


4. Contacto humano

 Finalmente, en Nicaragua alertaron de que el turismo podría ser un factor de riesgo para estas poblaciones, ya que la transmisión de enfermedades, como el virus del zika, de los humanos a los monos por contacto directo podría haber provocado esta ola de muertes en el país. En el caso de Nicaragua y según declaraciones de la primatóloga Kimberly Williams en la prensa, las muertes de monos aulladores se dieron justamente en el llamado ≪sendero de los monos≫, donde el turismo es masivo, por lo que la probabilidad de transmisión de patógenos de una especie a otra es muy alta.

En el caso de Azuero apenas hay ecoturismo, ya que la FCPP todavía está trabajando en esta propuesta, preparando a la población local con información pertinente. Sin embargo, las muertes se produjeron en una zona muy cercana a la ciudad en la que se sabe que las personas se acercan para ver a los monos y que incluso muchos primates se aproximan a las casas o se pasean por los árboles de los patios de las casas. En consecuencia, el turismo y/o el contacto directo con las personas no pueden descartarse como potencial factor, aunque según Pedro, la causa podría ser multifactorial. Hay que pensar que los cambios climáticos debilitan a las poblaciones, ya que el sistema inmunitario de los primates se ve comprometido, lo que los hace más vulnerables a cualquier patógeno, el cual podría ser transmitido fácilmente por contacto directo o cercano con los humanos. Por ejemplo, cuando el periodo de lluvias se extiende, incrementan las muertes de primates ya que bajan las temperaturas, y los animales son más vulnerables a cualquier enfermedad.

Preparándose para el futuro

Ante esta situación de alerta, varios expertos han generado propuestas que agilicen el proceso de análisis y detección de las causas ante un nuevo caso. Liliana Cortes Ortiz, encargada del grupo especialista en primates del Neotrópico de la International Union for Conservation of Nature (IUCN) está gestionando, junto con Kimberly Williams, de Paso Pacifico, la primera propuesta para obtener fondos para comprar reactivos y material y distribuirlos a modo de apoyo a cada uno de los países afectados. Esta propuesta, en la que colabora Pedro como representante de Panamá, se pretende también facilitar el monitoreo de los primates y actuar rápidamente, en modo de emergencia, para recuperar los cuerpos ante un nuevo caso.

Por su lado, Pedro ya ha contactado con el Ministerio de Ambiente, el Ministerio de Salud y el Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud. Este último ha realizado varios estudios de zoonosis y el personal está recibiendo entrenamiento para la captura de los primates. Uno de los problemas principales en la Península de Azuero es que estos primates afectados están en peligro crítico de extinción, por lo que existen varias restricciones para su captura, ya que cualquier error durante el proceso puede provocar la eliminación de un potencial reproductor. Aun así, el equipo de la FCPP está vigilante y preparando el equipo para obtener muestras. Pedro nos confirmó que el Instituto de Investigaciones Científicas y Servicios de Alta Tecnología de Panamá (INDICASAT) ya les ha dado una respuesta positiva para realizar propuestas a nivel nacional con el objetivo de obtener fondos para el análisis y para obtener material, de manera que se pueda trabajar la parte de parasitología y virología. Además, Pedro está negociando con el zoológico Summit para que les preste el servicio de veterinaria, ya que una de las mayores preocupaciones es obtener un refrigerador para preservar el cadáver y mantener las muestras conservadas en caso de que se reporte un nuevo caso.

No obstante, los trámites burocráticos son tediosos y lentos. Por ahora, cuentan con personas en la zona en la que se dieron los primeros casos en Panamá, los cuales disponen de un vehículo para desplazarse y presupuesto para capturar y trasladar a cualquier animal moribundo que encuentren. El veterinario más cercano está en alerta por si llega un mono aún vivo, poder extraerle sangre, realizar los análisis pertinentes y tratar de salvarle. Si se trata de un animal ya fallecido, se intentará recuperar el hígado, porque puede proporcionar información sobre la causa de la muerte.

Por otro lado, la población de la zona está bien informada sobre el problema por medio de los periódicos locales, ya que la salud humana también está en riesgo, y se les ha avisado de que la FCPP dispone de un correo electrónico al que pueden dirigirse. Además, Pedro y su equipo están en contacto con el Ministerio de Ambiente, que recibe información actualizada de varios expertos para actuar de manera rápida. De esta forma, cualquier permiso que necesiten será emitido con urgencia para actuar rápidamente y evitar cualquier efecto en la salud humana.

Finalmente, otra de las propuestas de Pedro es la de muestrear con trampas de mosquito, ya que la mayoría de los virus que se han postulado como posibles causantes de esta ≪epidemia≫ son transmitidos por la picadura de estos insectos. Así, el nos explicaba que para detectar una posible infección vírica, la forma más fácil de hacerlo es encontrar el vector.

Larga vida a los monos de Azuero

 Tal como dice Pedro, los monos de Azuero son especies centinela y, al igual que los murciélagos de la zona, los cuales también son monitoreados por la FCPP como parte de su proyecto, unos grandes dispersadores de semillas. Esta función ecológica es la que mantiene el ecosistema vivo y la reforestación y equilibrio natural en la zona. Pedro y su fundación trabajan a diario para proteger los escasos relictos de vida que quedan en Panamá, un país que está perdiendo parte de su belleza por culpa nuestra. Aunque no se han registrado más muertes en Panamá, siguen trabajando duro para prevenir e investigar las causas que han eliminado individuos de una población que se encuentra en peligro crítico de extinción. No nos podemos permitir el lujo de ignorar estas muertes, porque mantener el equilibrio es también nuestra responsabilidad. Como dice Pedro: ≪Nunca hay que bajar la guardia≫.•