Por Iván García-Nisa @ivangarcianisa, vocal de Educación, Divulgación y Comunicación de la @APEspain / educación@apespain.org | Photo by MONUSCO Photos @ CC Some rights reserved

Las mujeres congoleñas juegan un rol fundamental en la sociedad. Algunos las definen como los cimientos sobre los que se sustenta la comunidad, el adhesivo que mantiene unidos a todos sus miembros. Su poder e influencia sobre las nuevas y viejas generaciones es extraordinario. Sin embargo, no todo el mundo respeta de la misma forma a estos miembros tan valiosos. La violencia sexual en la República Democrática del Congo ha convertido al país en el lugar más peligroso para las mujeres.

A pesar de que no se conocen los números exactos, el Congo se considera la capital mundial de las violaciones. Las estadísticas varían, pero distintos estudios afirman que se producen alrededor de 4 violaciones a mujeres cada cinco minutos, unas 400.000 al año. En muchos de los casos se trata de niñas de entre 12 y 16 años. A pesar de que el momento culmen ocurrió entre los años 1998 y 2003, cuando el país se veía asolado por la guerra (la llamada Segunda Guerra del Congo, Guerra Mundial Africana o Guerra del Coltán), durante la cual se producían violaciones masivas, el conflicto sigue presente en el país. La República Democrática del Congo sigue siendo un país muy rico en recursos minerales donde diferentes grupos armados continúan en guerra por el expolio de los mismos, atacando y sometiendo a las poblaciones locales.

El conflicto, sin embargo, no solamente afecta a las poblaciones humanas, sino también a la poblaciones de flora y fauna salvaje. La invasión humana, que cada vez necesita más tierra para cultivos e infraestructuras, y el consumo de carne de bosque (o bushmeat) está poniendo en peligro a una infinidad de especies, muchas de ellas endémicas, y cuyas poblaciones ya se encuentran en números rojos. De entre las más emblemáticas, encontramos a los grandes simios africanos.

Las poblaciones de bonobos han ido disminuyendo a un ritmo vertiginoso en los últimos 20 años. Se considera que quedan alrededor de unos 20.000 – 50.000 individuos, aunque no hay datos concretos. Aun así, estas poblaciones remanentes viven en parches muy pequeños y fragmentados, lo que está acelerando su desaparición, por lo que la IUCN considera a la especie como ‘En Peligro’.

En cuanto a los chimpancés, se estima una población total de entre 170.000 y 300.000 individuos, aunque los números son muy variables en función de la subespecie y la región que habiten. Muchas poblaciones ya han desaparecido en ciertas zonas y, en otras, los números rondan unas pocas centenas de individuos, por lo que la IUCN también los cataloga como especie ‘En Peligro’.

Algo similar ocurre con los gorilas. Ambas especies se consideran ‘En Peligro Crítico’ según la IUCN. El gorila de montaña, con unos 880 ejemplares, el gorila oriental de planicie, cuyos últimos datos apuntan a un total de 3.800 individuos en el Congo y el gorila occidental del río Cross, con unos 200 – 300 gorilas remanentes en libertad, son las subespecies más amenazadas.

Ante toda esta grave situación, la Bonobo Conservation Initiative (BCI), el Gorilla Rehabilitation and Conservation Education Center (GRACE), el Instituto Jane Goodall (IJG) y Coopera están trabajando para ayudar a las mujeres congoleñas, víctimas de la violencia sexual, a convertirse en heroínas de la conservación de los grandes simios africanos. El rol central que ocupan en sus comunidades así como su gran influencia a distintos niveles generacionales las convierte en embajadoras perfectas de la conservación en la sociedad congoleña.

Por un lado, la BCI está financiando proyectos pilotos de microcréditos (que incluyen la provisión de maquinaria, y herramientas, así como el entrenamiento necesario) para ayudar a las mujeres a incrementar sus ingresos mediante la fabricación de jabón y ropa, y a través de otras pequeñas iniciativas de negocio, lo que permite proporcionar alternativas que reduzcan la presión de la caza (en especial, de grandes simios) para la venta de su carne en el mercado.

La violencia e inestabilidad que se produjo durante la Segunda Guerra del Congo, generó una inseguridad alimentaria que provocó que las familias, especialmente las más pobres, comenzaran a cazar carne de bosque para sobrevivir. Aunque en muchas ocasiones el objetivo es capturar otros animales, los grandes simios también caen en las trampas (cepos) que se utilizan, provocando la muerte de los sujetos y poniendo en peligro a las poblaciones. La organización GRACE proporciona a las mujeres y a sus familias una alternativa al bushmeat, enseñándoles a criar distintos animales (conejos, gallinas, cerdos) que pueden consumir y/o cuya carne y productos (como huevos) pueden vender en el mercado. Esta iniciativa está ayudando a paliar la malnutrición en niños y adultos, así como a solventar los problemas económicos de muchas familias que, gracias a ello, ahora se pueden permitir pagar las tasas de escolarización de sus hijos. A su vez, la BCI proporciona ayudas para la agricultura, la ganadería y la piscicultura, que incluyen cursos de formación y prácticas gratuitas para mujeres. De la misma forma, Coopera también participa en la educación local para la puesta en marcha de todas estas alternativas al bushmeat.

Finalmente, todas estas organizaciones internacionales, incluyendo al Instituto Jane Goodall, están educando y facultando a todas estas mujeres para convertirse en embajadoras de la conservación en sus localidades, en cuidadoras de primates huérfanos en los centros de rescate y rehabilitación, y en restauradoras del patrimonio natural. Asimismo, estas organizaciones proporcionan ayuda y recursos médicos y psicológicos para todas las víctimas de la violencia sexual, y promueven programas de educación y de escolarización de las niñas en los que las mujeres congoleñas participan activamente. De esta manera, esta cooperación entre organizaciones internacionales está ayudando a las mujeres del Congo a dejar atrás un pasado de abusos (aunque en muchos casos las agresiones sexuales se siguen repitiendo ante la impotencia de las organizaciones de ayuda) y convertirse en individuos independientes, facultados para ejercer trabajos de responsabilidad que contribuyen a un desarrollo económico y social sostenible de sus comunidades, ocupando una posición de poder y de gran influencia como embajadoras de la conservación del patrimonio natural en su país.

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Referencias:

Women could be a key to great ape conservation in the Congo