Por Iván García-Nisa @ivangarcianisa – Vocal de Educación, Divulgación y Comunicación de la @APEspain y otros alumnos del Postgrado en Primatología @fudgif @FundacioMona Convocatoria 2013-2014
Frans de Waal durante su conferencia en la Biblioteca Jaume Fuster (por Rocío Cano)
Frans de Waal durante su conferencia en la Biblioteca Jaume Fuster (por Rocío Cano)

Es Lunes, 12 de mayo. Unos compañeros y yo quedamos a las 18:00 h en la parada de metro de Lesseps, frente a la Biblioteca Jaume Fuster (Barcelona). Aunque el acto comienza a las 19:00h, decidimos llegar temprano para conseguir un asiento y disfrutar de la conferencia lo más cerca posible del púlpito. Agotados y hambrientos, esperamos de pie, hablando de nuestros proyectos, reencontrándonos con viejos amigos, aguardando a que avance la cola. La gente va llegando, y la hilera de individuos se deforma y distorsiona más allá de la marabunta de cabezas que se aglomeran junto a la puerta. Y de repente, lo vemos pasar. Es Frans de Waal. Tan alto que nos obliga a levantar la mirada, incluso para verlo descender las escaleras, directo a la sala de actos. Todo está preparado.

Sentados ya en las butacas, observamos al ponente, comentando nuestras primeras impresiones entre nosotros. Con semblante inexpresivo, aguarda pasivamente durante la lectura tradicional de su extenso currículum. Y entonces, se levanta, y con sus primeras palabras, la atmósfera de la sala cambia completamente. Su naturalidad y el agradable tono de su discurso nos hacen sonreír cuando se define como un “apatista”, en una postura ideológica alternativa al ateísmo y al agnosticismo. A continuación, se nos plantea el primer paradigma: ¿cuál es el origen de la moralidad?

E inmediatamente, su respuesta: “la moral la construimos nosotros, evoluciona con nosotros, con nuestras emociones y nuestras interacciones sociales diarias; puede estar impregnada por la religión o la filosofía, pero de forma secundaria. La moral es consecuencia de un proceso tan natural como es la evolución de las especies animales hacia una vida social”.

img_4065De esta manera, Frans de Waal nos conduce, inevitablemente, a la siguiente cuestión: ¿qué otras especies animales, a parte del ser humano, presentan moralidad? Para contestar esta pregunta, el autor de “El Bonobo y los diez mandamientos” (Tusquets Editores) nos define los dos pilares de la moralidad: la reciprocidad (fundamentada en el sentido de la justicia) y la empatía (íntimamente vinculada a la compasión ). Y a partir de aquí nos guía a través de un fascinante y entrentenido viaje por el mundo de la primatología y la cognición animal, en el que se abordan conceptos como la consolación, la reconciliación, el contagio emocional, el autorreconocimiento y la conducta prosocial. Sobre un soporte audiovisual, Frans de Waal nos acompaña en la narración de las numerosas evidencias empíricas que permiten conceder todos estos atributos (que en un principio nos pueden parecer tan humanos) a otras especies animales, especialmente a grandes simios y grandes mamíferos.

Generosamente, comparte con el público su experiencia personal y su trabajo, del que somos testigo a través de numerosos ejemplos: a) Varios chimpancés observan una animación 3D en la que se representa a un chimpancé bostezando; inmediatamente, los sujetos que lo observan se contagian del bostezo (y el público también); b) Pepsi, una elefante se mira al espejo e intenta borrar con su trompa la marca de pintura que lleva en la frente; no tarda en inspeccionarse la boca, al igual que haría un chimpancé; c) Un mono capuchino realiza una tarea por la que se le recompensa a él con un trozo de pepino, y a su compañero, con una uva; el sentido de la justicia enseguida se apodera de él y redirige su enfado contra la pared, exigiendo a cambio la preciada uva que nunca recibe.

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Frans de Waal durante su conferencia en la Biblioteca Jaume Fuster (por Rocío Cano)

Sin embargo, el momento más sorprendente y entrañable llega con el rescate protagonizado por dos elefantes, que se apresuran en liberar del barro a una cría que ha quedado atrapada. Mientras uno de los adultos se arrodilla y retira con su trompa el fango excedente, otro sujeta y encarama la cabeza de la pequeña para evitar que se asfixie. Este tipo de conducta, según nos explica Frans de Waal, implica un proceso complejo en el que entran en juego los dos canales de la empatía: el cognitivo, que implica una toma de perspectiva donde los elefantes consiguen deducir qué acción va a realizar el otro y actuar conjuntamente de manera efectiva para lograr su objetivo común, y el afectivo, el cual les mueve a salvar a la cría.

Terminada la charla y el debate ulterior, nos azuzamos, libro en mano, para ser los primeros en conseguir una firma del autor. Mientras esperamos a los rezagados, comentamos la jugada, con la ilusión y el entusiasmo en la mirada, sentados o apoyados en la tarima, observando atentamente al ponente, que sigue garabateando su nombre sobre el papel. Inesperadamente, Frans de Waal se incorpora, y la pregunta no se hace esperar: ¿queréis una foto? Excitados, nos vamos colocando a su alrededor y tras varios flashes, obtenemos la imagen del día, que posteriormente iríamos difundiendo con regocijo por las redes sociales.

Al final de la jornada, regresamos a casa, con la cabeza llena de preguntas, y el libro de Frans de Waal en el bolsillo, esperando a que lo abramos para encontrar algunas respuestas. ¿Qué más podemos aprender del resto de animales?